Si tirásemos de la nariz, como quien tira de un mantel, desnudaríamos a la muerte. En nuestros dedos quedaría todo ese pellejo bordado de receptores, nervios y capilares. Sobre la mesa, solo descansarían los huesos de una calavera despojada de carne y de sentir. Ni ojos, ni orejas, ni boca, ni nariz.
Porque sin nuestros órganos sensoriales estaríamos frente a una ouija desprovista de letras. Sin médiums. Sin conexión. Modo offline.
Nuestros sentidos tienen el poder de zarandearnos y sacarnos de nuestro ensimismamiento. De nuestra rutina. De nuestra aparente inmortalidad.
El olfato, por ejemplo, tan de moda ahora. Su ausencia nos da el oportuno aviso de que algo no funciona bien. Le debemos poder diferenciar entre más de diez mil olores distintos. Nos evita llevarnos mierda humeante y apestosa a la boca. También nos alerta de peligros medioambientales. Incluso, aunque en ocasiones duela, es capaz de trasladarnos a baúles de recuerdos ya carcomidos.
Sin embargo, aún con todas las cualidades que tienen nuestros sentidos, nuestra especie se afana en engañarlos. El capitalismo ha aguzado nuestro ingenio a través del marketing sensorial. ¿Cuántos eslóganes, cuya etimología significa “grito de guerra”, nos han incrustado en el cerebro?: «Hola, soy Edu, ¡Feliz navidad!»; «Bienvenido a la república independiente de mi casa»; «El frotar se va a acabar»; «Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás...»; «Tómate un respiro»; «Porque tú lo vales»; «Be water, my friend»; «Piensa en verde»; «¿Tú cueces o enriqueces?»; «Lo bueno sabe bien»; «¡A que no puedes comer solo una!»; «¡Cuando haces pop, ya no hay stop!»; «¿What else?»
No quisiera dar lecciones filosóficas al más puro estilo New Age, pero deberíamos reflexionar acerca de esta paradoja: aún en un estado de atiborramiento sensorial, vivimos en una realidad anestesiada. Vegetamos en una dispersa hiperconectividad. Puede que saturar nuestros sentidos no nos haga estar más presentes. Quizás colapsarlos nos hace transitar la vida en una inercia diaria. Por suerte, «Impossible is nothing». «Think different». «Just do it».
Andrea Alamán
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